Atrapado entre angustias inexpresadas y barrotes
de corrupción, me he ido, poco a poco como el acercamiento a la muerte,
acercando al conformismo; al desasosiego de sentirme impotente y darme por
vencido.
Mi
frustración, causada por circunstancias y quizá falta de
perseverancia, provoca en mí un nuevo deseo que no lo es tanto:
intentarlo de nuevo. Son muchas veces las que he soñado con un
mundo, muy mío, que quiero deferir con otras mentes; o por lo
menos con las que quieran escucharlo. He intentado más de mil noches desahogar
este espejismo amargo primero entre rimas, luego entre papel, más rimas, la
imagen, la nueva rima… siempre deseando más.
En un mundo
insular, ahogado entre sus sombras, la razón material, aunque muy importante y
sumamente determinante, pierde peso entre sus contextos y
subtextos. El deseo de expandir nuestro raciocinio, ante la imagen
de una posible influencia de un mundo sabio en experiencias, se convierte
en un sueño libertador.
Las
limitaciones de políticas, nacionales y principalmente internacionales,
dificultan ese proceso. Entre tantos tropezones no hay otra opción que
subir a la superficie para tomar aire nuevamente y volver, así, a sumergirse
entre aguas obscuras buscando ese árbol dorado.

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